Te has preguntado cómo se siente caer y creer que no podrás ponerte de pie? Pero lo intentas y al final lo logras, solo gracias a tu fuerza.

Pero sabes cómo se siente caer y tener que  levantarte solo para volver  al fondo. Tal vez se sienta  como un momento en el que  todo es grande y tu pequeño, te sientes dentro de un mundo  inmenso.

Quizá sea cierto que para ganar hay que perder  y para subir es necesario estar abajo.

Lo que realmente es verdad es que todo  lo sufrido al final del camino tiene su recompensa, no será  negociable pero si incalculable, solo basta creer en uno mismo y mirar hacia atrás para observar los obstáculos vencidos y sacar fuerza para seguir.  Todos somos ganadores en potencia, pero tenemos que salir del cascaron, abrir las alas  y emprender el vuelo, ese vuelo que nadie más podrá hacer por nosotros. Ese viaje que llevamos tiempo planeando, ¡es hora de comenzarlo! . Y si nos equivocamos  que importa, mira un árbol y trata de contar sus hojas, te darás cuenta que son demasiadas y que cuando una cae otra ocupa su lugar así que no temas equivocarte pues tienes otra oportunidad para arreglarlo. Mira adelante y visualízate como deseas ser visto, no dejes de levantarte, pues el camino está lleno de tropiezos, nunca dejes  de sanar, pues en el abran espinas, pero sobre todo nunca dejes de creer. Siempre hay un mañana, y siempre estarás tu en el y el en la vida de alguien más. Abre tus  alas, sonríe  a vida, y corre pero no tan rápido que te impida disfrutarlo. Disfruta cada día, cada sonrisa, cada lagrima sin importar el por qué salió, solo hazlo, porque cada una de estas cosas son parte de ti y por ello importante. Y eso de que las  lagrimas solo son de tristeza, de sueños frustrados... olvídalo. Sigue tu  camino y al final sonríe por todo lo maravilloso que pasaste... y si encontraste a alguien no lo sueltes.